martes, 27 de mayo de 2008

Me despojo de mi nombre

Fátima se quita los zapatos... y se acurruca, cual gatita siamesa, en el hueco de mi mano. Deja el bolso y las bolsas de compras en el sofá... y entra en la primera arteria que encuentra. Fátima se despoja de sus nombres y declara con impresionante coraje que será mi mujer. Se quita los pendientes y las pulseras. Deja los anillos, las horquillas del pelo, sus recuerdos y sus monótonos días en el suelo y se introduce, como una planta de cacao, bajo mi ropa. Fátima coloca un gran retrato suyo en el cuarto de estar, elige el color de mis cortinas y el color de mis cuadernos, me impone sus gustos en la comida y en el amor y ronronea de placer cual gatita siamesa. Fátima entra envuelta en el torbellino de su pelo negro, deja sus revistas femeninas en mi mesa, el camisón en mi armario y las peinetas en el cajón; coloca su cepillo de dientes junto al mío, y comprendo que ha decidido ocuparme. Fátima está cansada de la forma de sus pechos e intenta diseñarlos de nuevo, está cansada de su ombligo inmóvil y le ordena que se transforme en pájaro. No hay nada tan admirable como Fátima cuando sale del domicilio conyugal y relincha, como un potro, bajo el sol de la libertad. Fátima encabeza una revolución histórica contra su cuerpo: el poder se rinde. Encarcela a sus ministros, a sus consejeros, a Qays ben Al Mulawwah [1], a Yamil-Buzayna [2], a todos los poetas udríes, a los que escriben sobre el arte del amor sin haber tocado ni un dedo de mujer... a los que hablan de sus conquistas amorosas sin haber logrado ni un lance, ni un beso, ni un infarto y a los que escriben sobre el infierno del sexo sin haber cohabitado ni con una mosca. Fátima anuncia ante las multitudes que han acudido a entronizarla, en un momento de sinceridad, poco común a los árabes, que ella es mi amada. Fátima rechaza todos los textos de dudosa veracidad y comienza por la primera línea, rompe todos los manuscritos que los hombres compusieron y comienza por el alfabeto de su feminidad, tira todos sus libros escolares y lee en el libro de mi boca, emigra de las ciudades de polvo y me sigue, descalza, a las ciudades de agua, salta del tren de la yahiliyya [3] y habla conmigo el lenguaje del mar, rompe su reloj de arena y me lleva con ella fuera del tiempo... Fátima cree -y ella siempre tiene razón- que el movimiento de la historia comienza en sus ojos, que el primer hombre construyó su cueva entre sus pechos, que el lenguaje, si no fuera por ella, no se plasmaría, la música no tendría sonido ni los colores tonos, y que la poesía -si retirase la mano de ella- cerraría la puerta y se suicidaría.. Me fascina la decisión de Fátima cuando, de piedra circular, se transforma en fuente de casa andaluza, de poema rimado en paloma que se posa en mi hombro y de esclava en el país de Harún Dieciséis en reina en el palacio de la poesía... Me fascina la insensatez de Fátima cuando traspasa las señales rojas que los historiadores pusieron en torno a sus palabras y en torno a sus sueños y los sacrifica en sus jaimas, uno a uno.. Me fascina la exageración de Fátima cuando despide a todos sus guardianes y me nombra guardián de sus pechos por un sueldo de diez mil besos por noche... Amo a Fátima cuando se bebe el café matutino y me bebe, y la quiero más cuando me asegura que dominará el mundo y me dominará. He sorprendido a Fátima pescando un pez rojo en las riberas de mi sangre. Fátima me encarcela en sus pestañas y no sé cuándo termina la noche y comienza el día. De la mano de Fátima he aprendido a ser buen escritor y buen combatiente, y he aprendido a amarla. De la mano de Fátima he aprendido que la liberalidad es una mujer y que el hombre -aunque sea culto- es un espía... Quien no conozca a Fátima no sabrá que ella es la mayor obra de Dios, ni sabrá qué es poesía. Fátima destruye todos los tarros de la medicina árabe y todos los presidios del amor árabe, me saca de la seguridad del texto árabe y me abre la puerta del valor. Fátima es la mujer más importante del mundo y yo el hombre más importante que la ha amado y ha llevado las armas con ella.